No esperaba que en mi primera intervención en esta Cámara me tocara despedir a un amigo. Pero este es el momento que nos toca, así como hace unas horas nos tocó despedir a Leandro Despouy en la sede de la Auditoría General de la Nación. Nos tocó despedir al “Chungo”, como le decimos los sanluiseños, los puntanos, quienes nos sentimos orgullosos por la figura que él ha representado. También nos sentimos orgullosos como radicales, como lo señalaban el presidente de nuestro bloque, diputado Mario Negri, y mi comprovinciano José Luis Riccardo.

Pero saludo sobre todo las palabras con las que lo ha homenajeado todo el arco político, porque en todos los años en que me tocó trabajar con él -tanto en el ámbito de Naciones Unidas como en el de la Auditoría General de la Nación- siempre se consideró un hombre de Estado, es decir, una persona dedicada al servicio público en favor de la Nación, por encima de los intereses partidarios y particulares. En toda su trayectoria en el ámbito internacional, tanto cuando que le tocó desempeñarse como embajador plenipotenciario de nuestra República así como también desempeñar múltiples mandatos como relator especial de Naciones Unidas en la defensa de los derechos humanos y llegar a ser presidente de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas propuesto por nuestro país, siempre dio testimonio por la vigencia irrestricta de los derechos humanos en nuestro país y en el mundo.

De la misma forma en 2002, año tan difícil para nuestra patria, el ex presidente Raúl Alfonsín lo llamó por teléfono y lo convocó para desempeñarse como presidente de la Auditoría General de la Nación, en representación del partido político opositor con mayor número de bancas en el Congreso en ese entonces, la Unión Cívica Radical. En ese llamado telefónico le dijo lo siguiente: “Leandro, te llamo para desempeñar esta tarea porque se necesita custodiar la honradez de la República.” Eso fue lo que hizo, controlar, promover la transparencia, custodiar la honradez en la administración de los fondos públicos. Ese es el legado que nos deja, el de una persona absolutamente comprometida con el desempeño de nuestro país, con la democracia y con los derechos humanos, y por eso siento que todos estamos agradecidos con él.

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